Despues de tanto lujo y tanto ganar al poker, lo que tenía era unas ganas de gastar horribles. Así que si quería coger uno de los jeeps de Pokerisland, tenían que hacerme una prueba que como veréis, estaba chupada. Mi instructor, Emilio, y su zumo de manzana me adiestraron en el arte de ponerme el cinturón. Que era bastante complicado... jeje